La biotecnología fue definida en 1992 por la ONU, en el marco del Convenio sobre la Diversidad Biológica, como cualquier tecnología que utilice organismos vivos, partes de ellos o sistemas biológicos para crear o modificar productos o procesos con un fin determinado.
Aunque la definición es reciente, la idea tiene más de un siglo. En 1919, el ingeniero agrónomo Károly Ereki pensó que la biología podía servir para transformar materias primas en productos útiles. Fue él quien unió las palabras “biología” y “tecnología” y dio origen al término “biotecnología”.
En los últimos años, la inversión y la creación de empleo en este campo han crecido de forma significativa, lo que evidencia su papel clave en la economía global, la innovación tecnológica y el impulso hacia el desarrollo.
Diez años de hitos
La manipulación de ADN marca un antes y un después en la historia de la biotecnología y hace que diferenciemos entre biotecnología tradicional y biotecnología moderna. Hoy en día ambas se combinan y su trabajo conjunto ha hecho que esta disciplina avance de manera muy significativa en estos última década.
Uno de los avances más relevantes de los últimos años ha sido la consolidación de la técnica de edición genética conocida como CRISPR-Cas9. Gracias a su sencillez y eficacia, los investigadores comenzaron a corregir genes causantes de enfermedades genéticas en células humanas y animales. En 2017, se formaron las primeras iniciativas clínicas explorando su uso en enfermedades hereditarias, sentando así las bases para una nueva era en terapia génica.
Pero si hay un año donde la biotecnología ha desempeñado un papel absolutamente clave es en 2020, durante la pandemia global. El rápido desarrollo y despliegue de las vacunas contra la COVID-19 es uno de los hitos más importantes de la biotecnología moderna. Las dosis de Pfizer o de Moderna están basadas en ARN mensajero, un claro ejemplo del trabajo desarrollado durante años en el ámbito biotecnológico.
Reconocida con el Premio Nobel de Química en ese mismo año, la biotecnología también ha impactado en otros campos como la mejora de cultivos más resistentes al clima. El cambio climático ha obligado a replantear los modelos de producción en todos los sectores y la biotecnología se ha posicionado como una herramienta esencial para lograr una agricultura más sostenible y una industria alimentaria más eficiente. Es más, el informe “Global Bioeconomy Summit” de 2020 subraya la capacidad de la biotecnología de generar soluciones sostenibles sin comprometer el desarrollo económico.
Carne cultivada, la revolución sostenible de la biotecnología
En el sector alimentario, la biotecnología ha sido fundamental para el desarrollo de proteínas alternativas.
En diciembre del año 2020, Singapur se convierte en el primer país en aprobar la venta de carne cultivada al público. Constituía un hito histórico: el alimento producido sin animales vivos tocaba por primera vez el mercado real. Un año más tarde, esta alternativa alimentaria comienza a dar sus primeros pasos en Estados Unidos, para posteriormente, en junio de 2023 y tras la autorización de la FDA y la EFSA, echar a andar de manera definitiva y ser comercializada.
La carne cultivada, ha pasado así de ser una curiosidad científica a una opción real para el consumidor, y países como Brasil también se han sumado al futuro de la alimentación.
Percepción social y futuro
La biotecnología no solo evoluciona en laboratorios: también lo hace en la conciencia colectiva. A medida que los avances científicos se traducen en productos concretos, el diálogo con la sociedad se vuelve más importante que nunca. El último Eurobarómetro sobre ciencia y tecnología, revela que el 83% de los europeos considera que la ciencia y la tecnología tienen un impacto positivo en su vida cotidiana.
En definitiva, La biotecnología ha dejado de ser una promesa futura para convertirse en una realidad. En los últimos diez años, ha redefinido la forma en que curamos enfermedades, cultivamos alimentos y entendemos el papel de la ciencia en nuestra vida diaria.